YSAX y Monseñor Romero

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Según el padre jesuita, Rogelio Pedraz, la radio YSAX fue para Romero “La niña de sus ojos”. La emisora transmitió todas las homilías de casi dos horas del arzobispo en Catedral. Hubo días en los que se transmitieron y grabaron hasta tres homilías. El slogan de la radio fue “La voz de los sin voz”. De ahí que la radio fuera blanco de ataques con dinamita y ametralladoras. Para el jesuita, Romero era un hombre encogido y despistado que ante un micrófono se engrandecía.

Cuando usted llegó a la YSAX, ¿la radio ya estaba armada?

Sí, ya estaba armada la radio y estaba medio al frente de ella un hermano del que fue presidente, Duarte, no sé porqué razón lo dejaron. Tal vez por miedo, tal vez por tensiones.

La radio estaba muy abandonada y bueno a mí me lo pidieron. Al ver a un hombre como Mons. Romero que me dice “Les pido que me ayuden a salvar la radio” dije para mí esta frase: “seis meses se pasan en el purgatorio y le respondí que sí”. Pasé malos ratos, pasé tensiones, pasé miedo, pero estoy orgulloso de haber estado allí.

¿Cuál era la ubicación de la radio?

Estaba atrás de Catedral, enfrente del Teatro Nacional. Luego yo la trasladé, ahí delante del seminario San José de la Montaña. No sé ahora por donde estará. Me extraña que vayan a salir ahora con esa radio, yo no sabía nada. Romero estaba hecho para la radio. Tenía una capacidad de oratoria bárbara. Recuerdo que le preguntaron una vez: “¿Monseñor Romero por qué las homilías no son un poco mas cortas?” Él no se inmutó y me dijo: “si no quieren, que apaguen la radio”. ¿Cuáles eran los objetivos de la radio en aquel entonces? Lo principal eran las homilías de Monseñor Romero, luego los miércoles él hablaba personalmente y luego yo hice un noticiero a las 12:00. El noticiero era escuchado.

El diario La Opinión publicó estas difamaciones aberrantes contra Monseñor. En otra ocasión dijo en primera página: “Monseñor Romero vende su alma al diablo”. Más conocidas son las hojas volantes que cubrieron las calles con las palabras “Haga patria, mate un cura”. Bombas, ametrallamientos, cateos. Sufrió la UCA, la residencia de los jesuitas y otros laicos comprometidos, el seminario, conventos de religiosas, imprentas…

El día del asesinato, ¿estaban transmitiendo?

No. Es que ya habían dinamitado la radio y se estaba arreglando. El señor que la arreglaba. Y cuando llegó la noticia del asesinato de Romero, se echó a llorar. En ese día estaba cerrada, pero esa misma noche prendimos la radio y comenzamos a hablar de eso.