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Homilía 26 Noviembre 1978

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Queridos Hermanos:

Estamos al fin del año litúrgico y este último domingo la liturgia lo consagra a Cristo Rey. Esta fiesta de Cristo Rey, que antes se celebraba el último domingo de octubre, hoy en una forma más lógica se ha dejado como una bellísima corona para todo el año eclesiástico. Ese misterio de Cristo que se ha ido desplegando desde Adviento, que nos preparó para recibir al Niño Dios, y ese Niño Dios que crece y luego se nos presenta adorado por los magos en la Epifanía; y crece hasta la edad de un hombre que puede cargar sobre sus espaldas una cruz, toda la Cuaresma, llamando a la humanidad a sentirse solidaria con El para ser redimida, muere en una cruz y resucita. Y la Pascua, que llenó cincuenta días de nuestro calendario litúrgico, es el sol que ilumina toda la liturgia de la Iglesia.

Los domingos venimos a Misa en una pequeña pascua. Cada domingo es pascua. Cada domingo es el encuentro con el viviente eterno. El dijo que convenía que se fuera, porque su presencia física en el mundo ya era un pequeño estorbo, en cambio, sentado a la diestra del Padre -expresión bíblica para decir participando del poder y de la gloria de Dios- envía desde el cielo su espíritu. Celebramos Pentecostés, la venida del Espíritu Santo. Es el espíritu de la redención, es el espíritu del arrepentimiento de los pecados; es el espíritu heroico de mártires y de cristianos, de religiosos, sacerdotes; de todo ese pueblo selecto que se llama el pueblo de Dios. Alimentado con el espíritu de Dios. Es presencia de Cristo vivo, viviente, resucitado, anunciando esperanzas a la humanidad. Fueron los largos domingos que culminan con este último.

Ese misterio con Cristo, pues, que lo empapa todo en el año, hoy como que se resume y se resalta en una figura que bien se llama así: Cristo Rey.

Es hermoso como ese Cristo, Rey inmortal de los siglos, vive en la historia concreta de cada pueblo. Yo me alegro de encontrar el pensamiento de ese Cristo encarnándose en nuestros días en la homilía del Papa, cuando tomó posesión de Letrán y se presentó a Roma como el Obispo de Roma. Recordó él la larga historia de Roma que se remonta hasta los orígenes del cristianismo; recordó el origen de esa Basílica de San Juan de Letrán dedicada el precursor San Juan, para decir toda esa historia, todo eso antiguo, todo eso bíblico, no es un museo, sino que es viviente. Y el nuevo Obispo de Roma viene a enmarcarse a esa tradición larguísima, pero para ser el hombre de hoy. Y así les dijo: “En el marco de este maravilloso encuentro de lo antiguo con lo nuevo, hoy, como nuevo Obispo de Roma, deseo dar comienzo a mi ministerio para que con el pueblo de Dios, de esta ciudad y de esta diócesis, que por la misión de Pedro ha llegado a ser la primera en la gran familia de la Iglesia, es la familia de las diócesis hermanas”.

Y mencionando hechos concretos que le tocan vivirlos a él, hombre de 1978; aunque encadenado a una historia de siglos que lo remonta hasta San Juan Bautista, decía él: “Con cuánto agradecimiento he seguido estos últimos días los muchos episodios, la televisión me los ha hecho cercanos -Juan Bautista, Pedro de Galilea no conocieron la televisión, el nuevo Papa sí es hombre de televisión, pero el espíritu de Pedro y de Juan y de los antiguos está aquí en el hombre que hoy mira televisión y que en esa televisión ve los acontecimientos históricos de la semana, del día-. En esos acontecimientos he visto como a consecuencia de falta de personal en los hospitales, muchos se ofrecieron voluntarios, adultos y jóvenes en especial, para servir con generosidad a los enfermos. Hechos de la semana que él está viviendo, y tiene su valor la búsqueda de la justicia en la vida profesional, tanto más atento debe estar al amor social; por tanto, deseo para esta nueva diócesis mía, para Roma, este amor que Cristo ha querido para sus discípulos. El amor construye. Sólo el amor construye”.

Digo que para mí es una satisfacción ver esa sintonía de lo que he querido sea, en mi pequeñez, también, para la querida Arquidiócesis. Yo también me siento ligado a mis antecesores, Monseñor Chávez, a Monseñor Belloso, a Monseñor Pérez y Aguilar, y no necesito que me vengan a comparar quién será mejor que yo. Lo que necesito es quién me ayude a vivir este momento presente. La Iglesia no es recuerdos, no es espejo retrovisor nada más. La Iglesia va caminando hacia adelante y necesita también perspectivas nuevas.

Demos gracias que toda una tradición nos ha traído a este momento en que hay fe en el pueblo. ¡Benditos sean nuestros antecesores!, pero sepamos ser hombres del momento y sepamos reflexionar en lo de la semana, en lo del momento. Es que a muchos les interesa que no se ponga el dedo en la llaga, que no se mire lo presente; y así quisieran vivir de museos, de recuerdos, de comparaciones con obispos antiguos. El Papa habla, pues, de su momento y yo quiero hablar cada semana del momento que nos toca vivir.

Por eso, queridos hermanos, en esta última semana del Año Litúrgico -yo no puedo apartarme de la realidad actual- esta fiesta de Cristo Rey evoca un hermoso recuerdo sacerdotal: ¿Cuántos sacerdotes se ordenaron en las fiestas de Cristo Rey del último domingo de octubre que hoy se pasa esta fecha?. Nada menos ayer platicaba con un joven salesiano que me decía: Somos tres ordenados en Cristo Rey: Héctor Joaquín Mejía, German Escamilla, Napoleón Mejia. Podemos mencionar aquí cuántos recuerdos del Cristo Rey que ha vivido en nuestro pueblo en comunidades, en organizaciones de hombres que lo aman al Señor.

En esta semana también yo quiero recordar dándole gracias a Dios la vida religiosa. Hablaba de los salesianos y es por que precisamente esta semana han estado muy numerosos venidos de toda Centro América en Ayagualo. Los saludo y les agradezco todo el bien que hacen a nuestro pueblo. Que el espíritu de Don Bosco siga haciendo tanto bien entre nuestra juventud y entre nuestras familias.

También tuve el gusto de saludar a la Madre Superiora General de las Pasionistas, que dirigen aquí los colegios de la Divina Providencia, el Santa Gema de Santiago de María y nos ayudan en la pastoral directa, allí en el pueblo de San José Villanueva, donde hoy debían estar celebrando su fiesta patronal, pero por haber sido víctimas de un robo sacrílego se ha suspendido. Y con un sentido de pastoral, las Hermanas y el Párroco han organizado más bien actos de desagravio y de protesta, porque este latrocinio parece que es algo más que un simple latricinio.

También me alegro con ustedes los laicos. El domingo pasado tuvimos una convivencia de representación de laicos. Y yo les decía que lo más grandioso de la Iglesia son ustedes: los que no son sacerdotes ni religiosas, sino que en la entraña del mundo, en el matrimonio, en la profesión, en el negocio, en el mercado, en el jornal de cada día, ustedes son los que están llevando el mundo y de ustedes depende el santificarlo según Dios. Gracias al Señor que este espíritu de santidad laical va despertando cada día más en la conciencia de nuestro Seglares.

También en el mundo seglar, saludamos a la Ultrella Nacional de Cursillos de Cristiandad que se está celebrando en Guatemala. Una gran representación de nuestra Arquidiócesis llevó mi mensaje para decirle a Cursillos de Cristiandad que no queremos de ellos metodologías o religiosidades alineantes, desencarnadas, sino que queremos que ese método maravilloso de promover el cristianismo en el hombre de hoy que se llama Cursillo de cristiandad haga de verdad los hombres nuevos que necesita el continente latinoamericano para transformar nuestra sociedad de pagana en cristiana. Deseamos que sea un éxito esa Ultrella donde se reunirán cursillistas no sólo de Guatemala, sino también de otros países centroamericanos.

Y también en este sentido les anuncio ya desde ahora que el domingo 17 de diciembre los laicos van a promover una convivencia de Comunidades Eclesiales de Base y Movimiento Laicales. Hay muchos en nuestra diócesis. Y yo les invito a todos aquellos que no pertenecen a movimientos o a una Comunidad de Base que traten de conocerla y de vivirla, porque el cristianismo se vive así, en comunidad, una amistad que se llama comunidad cristiana.

Visitando las comunidades esta semana también llevé el saludo filial de la Arquidiócesis a la Reina de la Paz el lunes 20. Quise hacer una Misa muy ítima y privada a los pies de la Virgen, me acompaño Mons. Rivera; y las dos diócesis allá representadas por sus obispos creemos que le hemos rendido un homenaje filial, verdaderamente sincero a la Virgen patrona de El Salvador.

El Domingo pasado estuve en Chiltiupán. Quiero felicitar a las hermanas Dominicanas y al Padre Benjamín Rodríguez, porque aquel lugar tan pintoresco (que yo creo que muchos de ustedes no conocen, un verdadero mirador a los horizontes del mar) más que todo vale por el espíritu religioso y comunitario que la pastoral está sembrando allá.

He participado también en los proyectos, en los estudios pastorales de la Vicaría de Soyapango.

Y ayer una alegría muy íntima en el Cantón María Auxiliadora de la Parroquia de Tenancingo, para confirmar jóvenes. Yo quiero destacar el sentido de los niños. Una niña me dice en su discurso al llegar: “Permítanos que los niños y los jóvenes lo saludemos como a un buen amigo”. Les dije: “No me han dicho una palabra más bella, quiero ser el amigo de ustedes y me duele que en estas regiones haya quienes envenenen el alma sembrando y desfigurando la figura del Obispo”. Me dijeron: “Escuchamos sus homilías y hemos ofrecidos varias flores espirituales, preparando su visita, como actos de obediencia y trabajo”. Las catequistas me informaron de su trabajo y las animo a que sigan adelante.

También otro gusto de esos que llegan muy hondo en el corazón la carta de los niños del Cantón El Rosario, Dulce Nombre de María, para decirme que ya está libre su maestro que se habían llevado preso. Y en su carta dice: “Bendito sea Dios que ya salió nuestro maestro y nos pudimos examinar los finales. Pedimos a las Madres Religiosas que nos ayudaran a darle gracias a Dios”.

En la Parroquia San Marcos, esta tarde a las 5, tendremos una hermosa ceremonia de confirmación de jóvenes.

También quiero referirme no sólo a cosas agradables, sino desagradables, el incidente que todos conocen en la iglesia del Rosario con los músicos de la Sinfónica. Yo creo que todo fue una falta de comunicación. El responsable de organizar estas cosas debe de estar más enterado en el momento en que se va a celebrar, para no pasar desapercibido o confundido algo que puede traer alguna trascendencia. De todos modos, de parte de la Iglesia, por esta falta de comunicación yo les quiero pedir perdón a los queridos amigos filarmónicos.

También cosas tristes, lo que ya dije de San José Villanueva, robo sacrílego, se ha perpetrado también en Talnique, en Tamanique y el Párroco de Panchimalco también me dice que por no preocuparme más no me lo había dicho, pero que ha habido también allá un robo. También de Tenancingo tengo noticias de que ha habido atropellos de la propiedad de la Iglesia.

Pero lo más grave, hermanos, quiero que se fijen. En San Martín no solamente robaron los vasos sagrados, sino que se robaron el Santísimo, no encontramos las hostias consagradas. Esto duele, porque el que tiene fe sabe que en la hostia consagrada está presente el Señor. Ojalá que esta voz llegue a quienes perpetraron un sacrilegio más horrendo, y se trata de la presencia eucarística del Señor. Que lo respeten, que lo devuelvan a la adoración de su pueblo. Y para que todos participemos en un desagravio a la presencia del Señor se ha organizado para el próximo sábado, 2 de diciembre a las 7 de la noche, un acto eucarístico en la Iglesia de San Martín. Allá estaremos y ojalá que el mayor numero de fieles que amen al Santísimo Sacramento se encuentren allá. Ojalá para entonces podamos dar noticias de que han aparecido las hostias

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