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Queridos hermanos:

– La Iglesia, escuela de forjadores de historia

La palabra de Dios está siendo retada por la historia; así es siempre y si nosotros los cristianos logramos encarnarla y hacerla nuestra vida, ese reto de la historia tendrá la respuesta de la palabra de Dios en nuestra propia vida. Por eso les invito a que nuestra reflexión la hagamos con sincero deseo de que esa palabra de Dios se encarne profundamente en nuestra vida no sólo individual sino comunitaria, de tal manera que El Salvador pueda tener en esta hora de crisis, de esperanzas, de aflicciones, un pueblo de Dios que es toda una esperanza y luz para nuestra propia historia.

En Puebla, se dijo esta hermosa definición de Iglesia: “La Iglesia, escuela de forjadores de historia”. ¡Qué hermoso fuera que todos nosotros fuéramos forjadores de nuestra propia historia! La Iglesia, que para muchos que sólo tienen criterios políticos y coyunturales como que se opaca, como que no es oportuna en ciertas ocasiones, flota sobre todas las vicisitudes y sobre todas las coyunturas porque es una escuela que forja hombres para la historia, y tiene una palabra para cada momento, y una actitud de comunidad como pueblo de Dios de acuerdo con el momento y la geografía donde vive y pasa ese pueblo de Dios.

– La historia reta a los cristianos

Para mí, queridos hermanos, no hay satisfacción más profunda que esta convicción que yo trato de comunicarles a ustedes y hacerla más honda en mi: que en la medida en que seamos Iglesia, es decir, cristianos verdaderos, encarnadores del evangelio, en esa medida seremos el ciudadano oportuno, el salvadoreño que se necesita en esta hora. Si nos alejamos de esta inspiración de la palabra de Dios podemos ser hombres de coyunturas, oportunistas políticos, pero no seremos el cristiano que siempre es un forjador de la historia.

– Dos actitudes extremas: “pasivistas” y “activistas”

En estos momentos -dice Puebla- cuando hay crisis en los pueblos hay dos actitudes extremas: la de los “pasivistas” y la de los “activistas”. Los pasivistas que lo esperan todo como que viene de Dios; rezan mucho pero callan y no actúan. Los activistas, al revés, piensan que Dios está muy lejos y que la historia la hacen sólo los hombres, y así toman posturas de momento, de oportunidad, y se creen capaces de juzgar a todos los demás cuando no piensan como ellos. Ellos, los activistas, son los artífices de la historia. Ni unos ni otros tienen razón. La actitud verdadera la enseñó Dios a su pueblo, Israel es el pueblo que Dios prepara para ser ejemplo de todas las historias de los pueblos.

– Israel: encuentra a Dios en su historia

¿Qué hace Israel en las coyunturas de su historia? Primero, encuentra a Dios en su historia; y, segundo, siente que hay una alianza entre el Dios de la historia y él, el hombre, el israelita artífice de su historia. Y entre los dos, Dios y el hombre, porque han hecho una alianza de liberación, liberan al pueblo siempre. Nunca sólo el hombre, nunca sólo Dios. Dios y el hombre van haciendo la historia. La mejor flor de esa pedagogía es Cristo.

– Jesús: total confianza en el Padre

Por eso, cuando el Divino Maestro, que es el patriota modelo también, nos enseña en su evangelio la palabra que nos hace hombres actuales en todo momento, los cristianos, nos ha dejado una mística que yo quisiera que fuera la mística de cada uno de nosotros. Cristo tiene una confianza total en el Padre y la aconseja: “¿No ven los lirios del campo, no ven los pajaritos del cielo como los cuida mi Padre? No cae una hoja del árbol, no cae un pelo de la cabeza sin el permiso de mi Padre”. ¡Que confianza absoluta del Señor!

– Corresponsabilidad, compromiso

Pero no es un pasivista, es el hombre que siente con su Padre la corresponsabilidad de la historia, y se compromete con la historia, y se encarna con los pobres de su pueblo, y vive su historia, y trata de sintonizar el querer de su Padre en esta historia, no cuando Él, el Hijo la quiere, sino cuando el Padre la quiere.

– Esperar su hora

Por eso, cuando lo quieren apresurar dice: “No ha llegado la hora”. Va en sintonía maravillosa buscando el querer, la oportunidad, el momento del Padre. ¡Espera su hora!

– Liberar el dolor por el dolor

Otra cosa que hemos olvidado mucho en estas horas de liberación, Cristo la enseña a su pueblo: Es en el dolor como se debe redimir el dolor del pueblo. No es gritando únicamente los derechos humanos, sino sabiendo sentir también el compromiso del dolor y del sufrimiento. Se dice muchas veces: los hombres pecan porque sufren, pero es al revés, sufren porque pecan. El dolor, la esclavitud, la pobreza, el analfabetismo, el hambre, la marginación, la injusticia social, todo eso que es el trasfondo de todas estas crisis de nuestra patria, es producto del pecado, y el pecado sólo se redime con reparación. No hay redención sino es la muerte dolorosa de Cristo en la cruz. Y por eso enseña el Señor que no es gritando demagógicamente, no es actuando con violencias y reclamando nada más, sino asumiendo el dolor del pueblo y dándole al dolor del pueblo el sentido de redención, no en forma pasivista pero sí en forma activa. El dolor es la fuerza más grande y la estamos perdiendo.

– San Marcos: la cruz, fuente de vida pascual

Por eso me gusta abrir hoy las páginas de la Sagrada Escritura donde San Marcos, ya casi terminando su misión de guía durante todo este año, nos coloca frente a la pasión de Cristo en aquellas disputas con sus enemigos, con sus adversarios, donde va aclarando su pensamiento, su vida, lo que ha de ser su redención.

Para iluminar esa fase de la vida de Cristo, la liturgia toma un pasaje del Antiguo Testamento que lo complementa y un pasaje de las cartas de los apóstoles que vivieron profundamente la enseñanza del Señor y nos trasmiten -en eso que se llama la tradición, la Biblia- el pensamiento del Señor.

Que no digan, pues, que no leemos la Biblia. No sólo la leemos sino que la analizamos, la celebramos, la encarnamos, la queremos hacer nuestra vida. Ese es el sentido de la homilía: encarnar en el pueblo la palabra de Dios. No es político cuando en la homilía se señalan los pecados políticos, sociales, económicos, sino que es palabra de Dios encarnándose en nuestra realidad que muchas veces no refleja el reino de Dios, sino el pecado; para decirle a los hombres cuáles son los caminos de la redención.

Yo encuentro en las tres lecturas de hoy esto que podía ser el titulo de la homilía.

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